Guatemala

Guatemala promete detener y regresar a migrantes en caravana

Telemundo

Más de 2,000 hondureños siguen rumbo a Estados Uniodos.

Guatemala ha prometido detener y devolver a los integrantes de una nueva caravana de unos 2,000 migrantes que salió esta semana de la vecina Honduras con el argumento de que representan una amenaza para la salud pública en medio de la pandemia por el nuevo coronavirus.

“Se ha dado la orden de que sean detenidos en el territorio guatemalteco todas aquellas personas que hayan entrado ilegalmente y sean retornados a la frontera de su país” dijo el presidente guatemalteco Alejandro Giammattei el jueves por la noche. “No permitiremos que alguien extranjero que está utilizando métodos ilegales para ingresar a este país crea que tenga el derecho de venir a contaminarnos y ponernos en grave riesgo”.

Esta nueva caravana, aunque recuerda la del otoño de 2018, tiene lugar en medio del temor por la transmisión del coronavirus y también se desarrolla en tiempos electorales, algo que el presidente mexicano Andrés López Obrador consideró que no era causal y que puede tener como objetivo beneficiar a alguien, aunque no dijo a quién.

En Guatemala, Giammattei emitió una orden que suspendería algunos derechos constitucionales en las provincias por las que se prevé que pase el contingente, aparentemente con el objetivo de facilitar su detención.

Las autoridades habían planeado registrar a los migrantes cuando cruzaran la frontera y ofrecer asistencia a aquellos dispuestos a regresar a su país de origen, pero el grupo pasó por el cruce fronterizo oficial de Corinto sin registrarse, abriéndose paso al superar en número a policías y soldados guatemaltecos que hicieron poco por detenerlos.

Muchos de los migrantes, que durante la noche se dividieron en pequeños grupos rumbo a México, no llevaban cubrebocas y parecían más preocupados por encontrar algo de agua y comida que por contagiarse de COVID-19. El viernes les esperaba un duro viaje bajo el ardiente sol, si logran pasar la barrera que ya les impuso el presidente guatemalteco.

En un grupo había cuatro adolescentes, todos amigos y vecinos de San Pedro Sula, de donde cientos de migrantes emprendieron el viaje la noche anterior. Los jóvenes decidieron unirse al contingente luego de ver a las personas organizándose a través de Facebook.

El más joven, Josty Morales, de 15 años, dijo que quería vivir el “sueño americano” y buscaba una forma de mantener a su hijo de 6 meses en casa. “No hay trabajo, la necesidad lo ahorca a uno y ahora debo ver por mi hijo”, comentó.

Pocas horas después, las autoridades guatemaltecas reportaron la primera muerte de un migrante, quien trató de subir a un tráiler en movimiento y cayó bajo sus neumáticos. De momento, las autoridades no proporcionaron más detalles.

Los migrantes centroamericanos comenzaron a viajar en grandes grupos en los últimos años, buscando seguridad en los números y, en algunos casos, evitando pagar a los traficantes. Los llamados para formar una nueva caravana de migrantes que partiera del territorio el 1 de octubre habían circulado durante semanas en las redes sociales.

Las probabilidades de que una gran caravana migrante llegue a la frontera de Estados Unidos, que ya eran bajas, se han reducido todavía más en el último año.

Bajo presión estadounidense, México desplegó a su Guardia Nacional y a más agentes de inmigración para desmantelar las caravanas el año pasado. Y cruzar a Estados Unidos de manera legal es prácticamente imposible en este momento con la pandemia, e ingresar de manera ilegal es tan difícil o más que siempre.

Además, debido al coronavirus las restricciones fronterizas han aumentado en toda la región y muchos albergues que antes apoyaban a los migrantes han cerrado sus puertas para evitar contagios.

La partida del nuevo grupo esta semana evocó recuerdos de una caravana de migrantes que se formó hace dos años, poco antes de que se celebraran las elecciones legislativas en Estados Unidos. Entonces se volvió un tema conflictivo en la campaña, que avivó la retórica contra la inmigración, algo que este año el presidente mexicano se mostró dispuesto a evitar a toda costa.

“No queremos confrontación”, dijo en su conferencia matutina del viernes. “Creo tiene que ver con la elección en Estados Unidos, no tengo todos los elementos pero hay indicios de que esto se armó con ese propósito, no sé en beneficio de quién pero no nos estamos chupando el dedo, falta un mes”.

Aunque las caravanas atraen la atención, sólo representan una pequeña fracción del flujo migratorio diario de pequeños grupos que pasan desapercibidos por Centroamérica y México.

En la frontera de Guatemala con Honduras, las autoridades guatemaltecas pedían a los migrantes que proporcionaran documentos en los que mostraran un resultado negativo en pruebas de COVID-19, aunque la semana pasada dijeron que no pedirían una prueba para aquellos que pasaran menos de 72 horas en el país.

Pero alrededor de 2.000 migrantes ingresaron sin registrarse. Además, periodistas de The Associated Press vieron a otros cruzando la frontera de manera ilegal cerca del cruce oficial. No hubo reportes de violencia.

El ejército de Guatemala dijo que establecería puntos de control en el territorio para revisar los documentos de los migrantes, aunque los centroamericanos pueden transitar libremente por la región.

Los gobiernos de todos los países afectados están en alerta.

La agencia de inmigración de México dijo en un comunicado que implementaría una “migración segura, ordenada y regular” y que no haría nada para promover la formación de una caravana. La embajada de Estados Unidos en Honduras tuiteó el miércoles que la migración al territorio estadounidense era más difícil que nunca en este momento y más peligrosa a causa del coronavirus.

Pero los factores que impulsan a los migrantes a abandonar Centroamérica -violencia, pobreza, falta de empleo- siguen o se han incrementado con la pandemia.

“Si nos quedamos, lo que nos queda es unirnos a la delincuencia porque no hay cómo sobrevivir”, comentó Christian Martínez, un hondureño de 19 años, con la vista puesta en Estados Unidos.

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El periodista de The Associated Press Christopher Sherman en la Ciudad de México contribuyó a este despacho.

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